Boda romántica de Pedro y Lidia

Después de 8 años juntos, Pedro y yo misma, Lidia, nos dimos el Sí Quiero el 25 de abril de 2015, a las 12.00 horas, en la Iglesia del Sagrado Corazón, en Málaga.


Quería una boda de inspiración romántica y con el rosa como color predominante en todos los ámbitos de la boda, acompañado de colores pastel y blanco.


Mi vestido de novia era de estilo princesa con corte en A: el modelo Arizona de la marca San Patrick, modificando el escote con mangas para tener una chaquetilla de tul  y poder quitármela después de la iglesia, dejando el vestido en palabra de honor. Zapatos rosa palo de Menbur. Pendientes y pulsera de Swarovski. Y mi maravilloso anillo de pedida en oro blanco con un diamante.


El novio iba espectacular con un traje de chaqueta negro, camisa de smoking blanca, chaleco negro con detalles en brillo y corbatón a juego. Acompañado de gemelos negros de Swarovski y reloj de Casio que le regalé el mismo día de la boda.


Mi maquillaje estaba realizado con la técnica del aerógrafo, y las sombras de ojos en tonos marrón y beige. Labios en color nude amarronado con un toque de gloss rosado para hacer armonía con el ramo. Y el peinado es un moño bajo con trenzas laterales.


Y mi ramo era precioso, claro qué puedo decir yo. Estaba compuesto por rosas de jardín en rosa pastel, ranúnculos en blanco y rosas de pitiminí en rosa palo. Con tallo visto rodeado de lazo de tul blanco.


El día de la boda se me hizo muy corto, pero considero que lo viví intensamente, fijándome en todos los detalles, en los invitados, en mi familia, y por supuesto no le quitaba ojo a mi maridín.


La noche de antes dormimos juntos en casa, al contrario que muchas parejas, pero después de casi dos años durmiendo juntos, se nos hacía raro separarnos aquella noche. Así que cuando despertamos, me encontré un precioso ramo de rosas rojas en el salón, junto con varios regalos de mi amor y una tarjeta llena de sentimientos que me hicieron llorar de felicidad. Con la maquilladora y peluquera, que era la misma chica, me encontraba tranquila, pero empecé a ponerme nerviosa a medida que se acercaba la hora de irse y la casa se llenaba de gente.


El camino a la iglesia fue tranquilo, sin sobresaltos, y llegamos justo a la hora de la boda. Antes de salir del coche me puse algo nerviosa y emotiva, pero se me olvidó todo al ver desde la puerta y del brazo de mi padre a Pedro, esperándome en el altar sonriendo al verme. Puedo confesar que antes de llegar al altar con la canción de Ave María de Shubert (tenía claro desde pequeña que esa sería mi canción), se me saltaron las lágrimas.


La misa fue perfecta, los niños que iban delante de mí se portaron más que bien, y los amigos que leyeron las lecturas y peticiones lo hicieron genial. La anécdota fue la mirada matadora del cura a nuestro fotógrafo al ponerme bien la cola del vestido y el velo para las fotos jaja. Ha sido de lo más comentado. Tras nuestra lluvia de arroz y confetti en forma de corazón, nos hicimos el reportaje de fotos y vídeo en el Museo Thyssen, quedando ambos reportajes espectaculares y muy cuidados.


Llegó la hora de la celebración, en un hotel en Alhaurín de la Torre. No tengo ninguna queja del trato recibido ni de la comida. Todo fue de lujo y los invitados nos felicitaron por ello. Aquí fue donde dejé volar mi imaginación y creatividad con todos los detalles de decoración y para los invitados.


A las mujeres les regalamos una pulsera con abalorios, un bálsamo de piruleta o de coco, y un jabón de rosa mosqueta o de café exfoliante, todo hecho de manera artesanal y casera por mí. A los amigos les dimos una taza de pizarra junto con un tubo con especias para gintonics, y a los hombres más mayores dos botellines de vino blanco y tinto. Por los comentarios, todos quedaron encantados con los regalos, y más las mujeres sabiendo que les había dedicado tiempo y esfuerzo a los suyos.


La hora de la fiesta llegó con nuestro primer baile como marido y mujer. Elegimos la canción “Sólo para tí” de Camila, ya que expresaba todo lo que sentíamos el uno por el otro en forma de canción. Y si además te la cantan en directo como nuestro cantante, ya queda espectacular.


La fiesta siguió con el cantante en directo, alternando con el DJ del hotel, que también fue magnífico. Para la discoteca organicé un candybar con chucherías surtidas, palomitas, chocolatinas y frutos secos. Y un photocall con sus accesorios también realizados por mí. Creo que faltó algo de tiempo para la fiesta, pero realmente terminó en el momento justo, donde todos bailaban, cantaban y gritaban a nuestro alrededor felizmente, no llegó el momento de bajón o aburrimiento que tanto temíamos.


Así que, para mí, fue la boda perfecta. Sin contratiempos, sin problemas, en su justa medida, con los invitados felices y nosotros más felices todavía.


Antes de terminar esta entrada, dar las gracias a los profesionales con los que contamos para nuestro día, ya que todos dieron lo mejor de sí mismos y se vio en el resultado final. Y por supuesto, gracias a nuestros amigos, a la familia que nos ayudó, a aquellas personas especiales que saben quiénes son, y a mi marido. A tí Pedro, por hacerme la mujer más feliz durante 8 años, y hacerme sentir como tu princesa el día de nuestra Boda, hasta el día de hoy, y hasta siempre.


Gracias a vosotros por leerme, y por apoyarme en esta nueva andadura, que espero que con esfuerzo e ilusión, sea un sueño hecho realidad.


Lidia





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